Yo no soy racista. ¿Y tú?

Después de muchos años la sociedad se ha dado cuenta de que el racismo es una conducta completamente absurda. Discriminar a una persona por sus características físicas no solo es injusto sino que además es combatido y condenado: independiente de nuestra raza, todos tenemos los mismos derechos y deberíamos tener las mismas oportunidades.

Lamentablemente, esta idea no se ha extendido por completo hacia los animales de compañía, pues hay gente que habiendo decidido tener una mascota, elige tener una determinada raza.

Esta elección injusta le cierra cualquier oportunidad a otros animales de la calle, de albergues y a los de razas distintas a la elegida, solo por características superfluas que los clasifican como mestizos (“chuscos”), muy grandes, feos, o incluso viejos, condenándolos a ver consumir sus vidas solitariamente en las calles expuesto a mil peligros o en un albergue donde o serán sacrificados pasado un tiempo o estarán años esperando tener un hogar. Su único delito: no ser de raza.

Además, al comprar mascotas de raza se está sosteniendo un negocio que hace uso de seres que tienen derechos y en el que los criadores explotan (especialmente a las hembras) a los animales para conseguir el mayor número de camadas posibles.

¡No avales la discriminación de perros o gatos! Cualquier animal es capaz de darnos el mismo amor y lealtad. Además, tampoco esperes tener siempre animales cachorros, los animales adultos ya han desarrollado un carácter (tranquilos o juguetones), no cambiarán de aspecto ni tamaño y contrariamente a lo que se cree, son más fáciles de educar.

Todos los animales deben tener las mismas oportunidades.
¡Erradiquemos la discriminac
ión!